Un mundo móvil…. es posible y ¿deseado?

Jesús A. Lacoste Director de SoyDigital.com y marketing movil

Jesús A. Lacoste Director de SoyDigital.com y marketing movil

Si Galileo Galilei, Copérnico y todos los grandes sabios del Renacimiento levantaran la cabeza seguro que eran fervientes defensores de los avances tecnológicos que cada día invaden nuestra vida cotidiana. Ellos lograron dar un vuelco en el saber y el conocimiento científico durante la época gloriosa de la bella Florencia. De igual forma, hoy día estamos asistiendo a otra revolución, más calmada y sosegada, que con el paso de los años irá conformando nuevas formas de comunicación e interacción persona-persona y persona-máquina. Esta e-revolución se refiere a la transformación en móvil de todo lo que antes era fijo: pasamos de la tv en el salón a disponer de tv en el jardín y en cualquier dispositivo portátil; la conexión a Internet antes era por modem o adsl ‘por cable’, pero ahora es posible conectarse a la red mediante wifi/3G en cualquier punto y lugar; el teléfono ha pasado de ser un mueble colgado en la pared a ser un minúsculo llavero que acompaña a las monedas en los bolsillos; los libros antes eran una reliquia que ocupaba estantes cargados de polvo en bonitas estanterías…. sin embargo ya es posible llevar en un dispositivo electrónico más de 500 volúmenes o toda la enciclopedia británica. Son algunos ejemplos del cambio de fijo a móvil que la sociedad actual está experimentando.

Si en el siglo XVI los coetáneos de Galileo tuvieron que asumir la teoría heliocéntrica, en el siglo XXI tenemos que asumir la teoría del movilcentrismo (disculpen el neologismo); es decir, todo gira en torno a los servicios móviles. Tanto a nivel empresarial como doméstico, se impone la tecnología y servicios de movilidad. Nos encaminamos hacia un mundo móvil aunque es cierto que ciertas cosas, de momento, seguirán siendo fijas: la playa, un bosque de laurisilva, el cauce de un río,…. son entornos que, aunque se pueden modificar y alterar, tendrán que seguir teniendo un sitio fijo. O al menos yo no me hago a la idea de ir a la playa y de repente encontrarme que ha desaparecido y ha sido sustituida por un verde prado con bonitas vacas blancas y negras.

Hoy ya nada es fijo (bueno los funcionarios sí) y todo se vuelve móvil a pesar de que las personas tendemos a ser más sedentarias que nómadas pero si podemos hablar por teléfono mientras conducimos (con permiso de la autoridad) por qué esperar a llegar a la oficina para hacer esa llamada. Todos (es una forma de hablar, porque los menores de 17 años seguro que no) recordamos los primeros ordenadores: eran unas máquinas muy pesadas, voluminosas, feas,…. que se instalaban en la oficina o en casa y de ahí no se movían ni aunque vinieran los GEO. Ahora, llevamos un notebook (o mejor dicho un ordenador ultraportátil) como quien lleva un libro de bolsillo (un viejo amigo decía que debían llamarse libros de sobaquillo porque se llevan justo en ese lugar de nuestra anatomía) y desde ese pequeño artefacto disponemos de conexión a Internet gracias a la red wifi o por medio de una tarjeta 3G, podemos redactar un memorando con el word de turno o preparar una bonita presentación para vender nuestros encantos a un ingenuo cliente. Y todo con una maquinita que pesa menos de 1 kilo y ocupa menos que el espejo de los baños de los trenes.

Con el teléfono móvil (que mejor sería llamarlo portátil, porque yo todavía no he visto ningún teléfono andando por la calle) podemos actualizar el blog; twittear para decir insignificancias (a no ser que se envíe una foto interesante como hizo el marido de Demi Moore que no se le ocurrió otra gracia que enviar una foto que le hizo a su mujer en bragas), enviar un sms a nuestro compi erasmus que está en las tierras altas en Escocia; mandarle un mms a nuestros amigotes con nuestra foto haciendo el pato mientras intentamos esquiar (da lo mismo si es sobre nieve o sobre agua), escuchar todo tipo de música, da lo mismo que sea legal o pirateada con el emule; ver el último video clip de Amaya Montero o la peli que todavía no ha sido estrenada en el cine pero ya tenemos porque un colega nos ha pasado en una tarjeta de memoria o en un pendrive. Ah, y por supuesto, con el móvil también podemos hablar por teléfono: llamar y contestar las llamadas de personas que tenemos a un metro de distancia (muchas veces) o a muchos miles de kilómetros (como cuando yo hablo con mi familia).

Con la fotografía o el video ha sucedido algo parecido: ya nadie carga con un trípode para hacer ‘una buena foto’. Hoy todas las cámaras digitales tienen sistemas que compensan cualquier desajuste y si no pues al photoshop y ¡listo! Sólo los artistas se dedican a la fotografía profesional; todo lo demás es una especie de ‘aquí te pillo, aquí te inmortalizó’. Una cámara de fotos puede ser un ‘maquinón’ y no ocupa más que un paquete de tabaco. ¿ no es eso más soportable que una vieja cámara reflex con todos sus objetivos, estuches y fundas? Ahora vas de crucero y en el bolsillo del bañador puedes llevar todo un repertorio tecnológico para controlar tus acciones o fondos de inversión (este comentario no es válido para los exclientes de Mr Madoff), asegurarte un completo reportaje fotográfico y de video que tranquilice a tu mujer y por supuesto mantenerte en contacto con el resto de compañeros de la empresa para darles envidia y decirles que estás visitando la pirámide de Keops mientras ellos aguantan el frío del aire acondicionado en la oficina.

Todo esto y mucho más es nuestro mundo móvil. Seguramente otro mundo (sin tanto móvil) es posible, pero ¿quién le pone el cascabel al gato?

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